Pacho Mendoza: “Ucayali no necesita cuatro años de aprendizaje”
El cuatro veces alcalde de Atalaya defiende su experiencia y asegura haber cerrado su actual gestión sin muertes maternas. En esta entrevista habla del café que transformó la economía de Oventeni, la postergada carretera Atalaya–Puerto Ocopa y su propuesta para gobernar Ucayali; responde por Forestal Mendoza y la UC-105, y recuerda las dos historias que marcaron su vida: la de su padre, un inmigrante español que eligió esta tierra, y la de su hijo, único sobreviviente de un accidente aéreo.
Redacción LVU

En la fotografía, Francisco “Pacho” Mendoza sostiene una pieza negra sobre un tablero de ajedrez gigante. La composición parece resumir el principal argumento de su campaña: gobernar es anticiparse, ordenar y saber qué pieza mover. Mendoza, cuatro veces alcalde de Atalaya, no se presenta como una revelación electoral, sino como un político que conoce el oficio y quiere demostrar que su experiencia municipal puede alcanzar ahora a toda la región.
Su hoja de servicios es también su principal flanco. Después de dieciséis años al frente de una provincia, cada logro lleva detrás una pregunta y cada promesa enfrenta inevitablemente una réplica: ¿por qué no se hizo antes? Mendoza acepta el terreno. Habla de los proyectos productivos, el hospital intercultural y la reducción de la mortalidad materna, pero también de la carretera Atalaya–Puerto Ocopa, la obra que todavía no puede mostrar.
Su candidatura tiene, además, una de esas coincidencias que la política aprovecha y el calendario decide: las elecciones regionales serán el próximo 4 de octubre, exactamente el día de su cumpleaños. Mendoza podría celebrar entonces algo más que un año de vida. Para conseguirlo, tendrá que convencer a Ucayali de que la experiencia que exhibe pesa más que el desgaste que le atribuyen.

Antes del poder
—¿Quién era Pacho Mendoza antes de ingresar a la política?
—Empecé a trabajar en 1982 en el sistema financiero. Pasé por el Banco Amazónico y luego por el Banco Continental. También administré empresas privadas. Esa etapa me enseñó a cuidar los recursos, establecer metas y entender que toda decisión debe producir resultados.
—¿Cómo llegó a la administración pública?
—Edwin Vásquez me dio la oportunidad de asumir la gerencia de la subregión de Atalaya. Estuve cuatro años y conocí de cerca la realidad de la provincia, sus comunidades y sus enormes carencias. Después postulé a la alcaldía, gané las elecciones de 2006 y asumí en 2007.
—¿Con qué Atalaya se encontró?
—Con una ciudad que necesitaba orden, planificación e infraestructura. Tuvimos que comenzar organizando la municipalidad y recuperando espacios públicos. Construimos una sede municipal adecuada, desarrollamos el malecón e impulsamos infraestructura deportiva y urbana.
—¿Qué cambió después de sus cuatro periodos?
—Atalaya es hoy una ciudad distinta. Cuenta con mejores servicios, infraestructura y una economía más dinámica. Pero el cambio que más valoro es el productivo, porque permitió que muchas familias dejaran de depender únicamente de actividades de subsistencia.
—Dieciséis años como alcalde pueden ser experiencia, pero también desgaste.
—La experiencia no puede ser vista como un defecto. Gobernar significa decidir, resolver problemas y aprender. Yo conozco cómo funciona el Estado, sé por qué se detienen los proyectos y puedo comenzar a trabajar desde el primer día.
—Usted dice que ya jugó cuatro Copas Libertadores.
—Así es. Yo ya jugué cuatro Copas Libertadores. Algunos candidatos recién participaron en una y otros todavía no han jugado ninguna. El Gobierno Regional no puede convertirse en una escuela de aprendizaje. Ucayali necesita resultados desde el comienzo.
El café y la vida
—¿Cuál considera el principal resultado económico de su gestión?
—Los proyectos productivos. Impulsamos café, cacao, plátano Hartón, frejol ucayalino, maní y mejoramiento ganadero. Una obra física puede ser importante, pero el verdadero desarrollo comienza cuando una familia incrementa sus ingresos y puede sostenerse con su propio trabajo.
—¿Cómo comenzó la experiencia del café en Oventeni?
—En 2004 empezamos con un proyecto de aproximadamente 400 hectáreas. La municipalidad aportó asistencia técnica, plantones y acompañamiento. Después, los propios productores hicieron crecer la actividad hasta convertirla en una de las principales fuentes económicas de la zona.
—¿No está apropiándose del esfuerzo de los agricultores?
—El mérito principal les corresponde a ellos. El productor pone su tierra, su trabajo y asume el riesgo. La función del Estado es darle herramientas, asistencia técnica, infraestructura y acceso a mercados para que su esfuerzo pueda convertirse en ingresos.
—¿Qué tiene que ver el café con la salud de una familia?
—Mucho. Cuando una familia mejora sus ingresos, puede alimentar mejor a sus hijos, enviarlos a estudiar y atenderlos cuando se enferman. Por eso la lucha contra la anemia y la desnutrición no puede depender únicamente de pastillas o campañas médicas. También necesita desarrollo económico.
—Usted asegura que Atalaya no registra muertes maternas durante su actual gestión.
—Así es. Fortalecimos el seguimiento de las gestantes, la casa materna y la atención del hospital. Una mujer de una comunidad alejada no puede llegar al establecimiento de salud cuando ya se encuentra en una emergencia. La prevención y el acompañamiento salvan vidas.
—¿Qué responsabilidad tuvo en la creación del hospital intercultural?
—Participamos desde el inicio en la incorporación de Atalaya al programa de hospitales estratégicos. Acompañamos los estudios y las gestiones necesarias para conseguir el financiamiento. Hoy tenemos un hospital que atiende a la población urbana y también a nuestros pueblos originarios.
—¿Qué significa que sea realmente intercultural?
—Que respeta la realidad y las costumbres de la población. El hospital considera prácticas como el parto vertical, reconoce el uso tradicional de plantas medicinales y facilita la comunicación con pacientes que hablan lenguas originarias. La medicina occidental y los conocimientos ancestrales pueden complementarse.
—¿Ese modelo puede trasladarse al resto de Ucayali?
—Sí, pero respetando la realidad de cada provincia. No es lo mismo atender en Pucallpa que en Purús, Yurúa o una comunidad distante de Atalaya. La salud debe acercarse a la gente mediante establecimientos de primer nivel, brigadas, prevención y personal que comprenda la cultura local.

La carretera pendiente
—¿Cuál es su mayor frustración como autoridad?
—No haber conseguido todavía la carretera Atalaya–Puerto Ocopa. Es una vía nacional y su ejecución depende del Ministerio de Transportes y Comunicaciones. Hemos acudido a distintos gobiernos, presidentes y ministros, pero el estudio definitivo continúa sin concluirse.
—En 2014 se habló de una inversión de S/435 millones. ¿Qué ocurrió?
—Un anuncio político no reemplaza el expediente técnico ni el financiamiento. El perfil avanzó, pero el estudio definitivo quedó incompleto. Muchas veces los funcionarios evalúan únicamente la cantidad de habitantes y la rentabilidad económica, sin considerar el beneficio social de integrar territorios aislados.
—Después de cuatro gestiones, ¿no es también una derrota política suya?
—Es una tarea pendiente y la asumo como tal. Como alcalde no tenía competencia para construir una carretera nacional, pero nunca dejé de reclamarla. Como gobernador tendría mayor capacidad política para defenderla directamente ante el Ejecutivo.
—¿Por qué podría lograr como gobernador lo que no consiguió como alcalde?
—Porque el Gobierno Regional tiene otra capacidad de interlocución, planificación y presión política. Además, Fuerza Popular está en el Gobierno nacional. Esa relación debe servir para priorizar los proyectos estratégicos de Ucayali, no solamente para tomar fotografías o firmar actas.
—¿La cercanía con el Gobierno nacional no podría convertirse en dependencia?
—La región debe coordinar con el Ejecutivo sin renunciar a sus prioridades. La cercanía política solo tiene sentido cuando se convierte en presupuesto, carreteras, hospitales y servicios. No quiero más ceremonias: quiero proyectos ejecutados.
—¿Cuáles serían sus primeras decisiones como gobernador?
—Atender la seguridad ciudadana, destrabar los proyectos de salud y fortalecer la educación. También reorganizaría el sector agrario para convertirlo en una verdadera unidad de gestión, con presupuesto y capacidad para acompañar a nuestros productores.
La región que propone
—¿Qué haría con el Hospital Regional de Pucallpa?
—Revisaría inmediatamente su situación técnica, contractual y financiera para destrabar la obra. Ucayali no puede seguir esperando mientras una infraestructura indispensable permanece paralizada o funciona por debajo de las necesidades de la población.
—¿Cuál es su propuesta para educación?
—Garantizar la presencia de los maestros, mejorar la infraestructura y dotar de textos, bibliotecas, computadoras e internet a las escuelas. En Atalaya implementamos un control georreferenciado para verificar la asistencia docente. Sin profesores presentes, cualquier inversión pierde sentido.
—¿Y en seguridad ciudadana?
—Hay que recuperar la coordinación entre la Policía, los municipios y el Gobierno Regional. En Atalaya conseguimos patrulleros, equipamiento y mayor presencia policial. La tecnología y la logística sirven, pero necesitan una conducción clara y trabajo conjunto.
—¿Qué cambiaría en la agricultura regional?
—La agricultura no puede continuar como una oficina sin presupuesto ni capacidad de decisión. Debe formular proyectos, brindar asistencia técnica, facilitar créditos, mejorar caminos y abrir mercados. El productor no necesita discursos: necesita que el Estado lo acompañe hasta que pueda vender.
—¿Cómo evitará que las obras queden paralizadas por arbitrajes?
—Hay que revisar cada contrato y determinar qué componentes pueden continuar. Si existen responsabilidades, corresponde informar a la Contraloría y aplicar las penalidades. Una controversia legal no puede convertirse en una condena permanente para la población.
—¿Cuál es su fórmula contra la corrupción?
—Transparencia y vigilancia. La población debe conocer cuánto cuesta una obra, qué se construirá y cuándo debe concluirse. La responsabilidad siempre pertenece a la autoridad, pero la vigilancia de los beneficiarios permite detectar incumplimientos antes de que sea demasiado tarde.
Las preguntas incómodas
—La carretera UC-105 ha sido cuestionada porque atravesaría zonas relacionadas con concesiones forestales de su familia.
—La UC-105 debe evaluarse por su importancia para las comunidades aisladas, no por el posible interés de una persona o una empresa. Yurúa necesita conectividad. Llevar alimentos, medicinas o materiales únicamente por avión hace que todo cueste varias veces más.
—Una carretera también puede facilitar el narcotráfico, la tala ilegal y la invasión de territorios indígenas.
—Esos delitos deben ser enfrentados por el Estado. No podemos condenar a las comunidades al aislamiento porque una vía pueda ser utilizada por personas ilegales. Con ese criterio, no se construiría ninguna carretera. La conectividad también lleva servicios, producción y presencia estatal.
—En una primera respuesta usted dijo no recordar una concesión en Masisea. ¿Cuál es la precisión sobre Forestal Mendoza?
—La precisión es que Forestal Mendoza obtuvo la concesión en 2002. En 2004 vendí la empresa a mi hermano, cuando asumí responsabilidades en la subregión de Atalaya y ya no podía dedicarme a la actividad privada. Desde entonces, él quedó a cargo de la empresa.
—Años después se reportaron pistas clandestinas dentro de esa concesión. ¿Tuvo conocimiento de ellas?
—No tuve conocimiento de esas pistas. Desde 2004 no participaba en la administración ni en las operaciones de la empresa. La conducción estaba completamente en manos de mi hermano.
—¿Alguna empresa de su propiedad contrató con el Estado?
—No. Ninguna empresa que haya sido de mi propiedad fue proveedora del Estado ni celebró contratos públicos. Mi actividad empresarial fue anterior a mis responsabilidades como autoridad.
—¿Cómo explica su patrimonio?
—Trabajé durante muchos años en bancos y empresas privadas. También constituí negocios, vendí una primera empresa y desarrollé otras actividades antes de ingresar a la función pública. Mis bienes proceden de esa etapa de trabajo.

El territorio personal
—¿Qué influencia tuvo su padre en su relación con Ucayali?
—Mi padre llegó al Perú después de la Guerra Civil española. Fue ingeniero, trabajó en proyectos vinculados al desarrollo de esta región y terminó profundamente identificado con Ucayali. Eligió esta tierra para vivir y también para descansar.
—¿Qué aprendió de él?
—El valor del trabajo, la disciplina y la planificación. Mi padre me enseñó que uno no puede querer una tierra únicamente con palabras. Tiene que contribuir a desarrollarla, defenderla y dejar algo útil para quienes vienen después.
—Siempre lleva una imagen del Divino Niño en la solapa. ¿Por qué?
—En octubre de 2003 mi hijo sufrió un accidente aéreo. Era piloto y fue el único sobreviviente. Lo encontraron varias horas después. Desde entonces llevo esta imagen como una expresión de agradecimiento y fe.
—¿Ese episodio cambió su manera de entender la vida?
—Sí. Cuando un hijo se encuentra entre la vida y la muerte, todo adquiere otra dimensión. Uno comprende que el poder y los cargos son temporales. Lo más importante es la familia, la vida y lo que podamos hacer por los demás.
—Tiene nueve hijos, todos ucayalinos. ¿Qué le reclama su familia por tantos años en la política?
—La política exige mucho tiempo y obliga a hacer sacrificios. Mi familia ha tenido que acompañarme y comprender largas ausencias. Todo lo que hago también está relacionado con el futuro que quiero para mis hijos y para las familias de Ucayali.
—Las elecciones serán el 4 de octubre, el mismo día de su cumpleaños. ¿Qué significa esa coincidencia?
—Es una fecha muy especial, pero la recibo con responsabilidad. Ese día no se trata solo de una celebración personal. Ucayali tomará una decisión sobre su futuro y yo espero merecer la confianza de la población.
—¿Cuál sería entonces el mejor regalo de cumpleaños?
—La oportunidad de servir a toda la región. Pero esa confianza debe ganarse trabajando y hablando con la verdad. Una elección no entrega un premio; entrega una responsabilidad.
—Finalmente, ¿por qué debería Ucayali confiar en alguien que ya ha gobernado durante tantos años?
—Porque puedo mostrar experiencia y resultados. No estoy ofreciendo aprender después de ganar. Conozco el territorio, sé cómo funciona el Estado y entiendo lo que necesitan las comunidades. Ucayali no necesita cuatro años de aprendizaje. Necesita orden, producción, conectividad y un gobierno que haga que las cosas pasen.
Entrevista editada y condensada por razones de claridad y extensión, sin modificar el sentido de las respuestas.





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